Leyendas y Llegendes
Llegendes Catalanes

Las Cuatro Barras

La senyera la pintó una flecha. Bueno... una flecha, un emperador y cuatro dedos de sangre.

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La leyenda

Hace más de mil años, los normandos remontaban los ríos de Francia saqueándolo todo. Y el emperador Luis pidió ayuda al conde de Barcelona: Guifré.

Lo llamaban el Velloso. Y no era por la cabeza.

Todos los caballeros llevaban un animal pintado en el escudo. El de Guifré era de oro y liso, y brillaba tanto que los normandos se peinaban en él. Hasta que una flecha lo encontró por donde no tapaba.

Al anochecer, el emperador fue a verlo. Y Guifré, de la flecha, ni una queja. Se quejaba de otra cosa: «Todo el mundo lleva una señal. La mía está vacía.»

Luis buscó la herida entre tanto pelo. Mojó en ella cuatro dedos... y los pasó por el oro, de arriba abajo. «Aquí tenéis vuestra señal, conde.»

Cuatro barras rojas sobre fondo de oro. Acababa de nacer la senyera.

Las heridas se curan. Esta todavía ondea.

Lo que hay de verdad

La verdad: en tiempos de Guifré, los escudos todavía no llevaban dibujos. Luis el Piadoso murió cuando Guifré, como mucho, llevaba pañales. Las barras aparecen por primera vez en 1150, en un sello. Y la leyenda, cuatrocientos años más tarde.