Treinta y seis reyes huyeron de Valencia aterrados. ¿Sabes de quién huían? De un muerto. Atado a su caballo.
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La leyenda
Era el año 1099. El Cid Campeador, el guerrero más temido de su tiempo, había conquistado Valencia. Pero estaba enfermo. Muy enfermo.
Y justo entonces llegó por mar el rey Búcar, con un ejército enorme. Si se enteraba de que el Cid se moría, Valencia estaba perdida.
Así que el Cid, desde su lecho, dio una orden muy rara: «Cuando me muera, no lloréis. Subidme a mi caballo.»
Y eso hicieron. Jimena le puso la armadura, lo ataron a Babieca con unas tablas para que no se doblara, y en la mano le dejaron su espada: la Tizona.
Al amanecer se abrieron las puertas, y el Cid salió al galope, más tieso que nunca. Búcar lo vio venir... y detrás de él, sesenta mil caballeros blancos como la nieve. Sus hombres corrieron tanto que muchos no pararon... hasta caer al mar.
Así ganó el Cid su última batalla: sin enterarse. Después lo sentaron en una silla, en un monasterio de Burgos, durante diez años. Hasta que un curioso le quiso tirar de la barba... y el Cid sacó la Tizona.
Lo que hay de verdad
Lo que sí es verdad: hoy el Cid descansa junto a Jimena en la catedral de Burgos. Y lo más curioso: su apodo viene del árabe. «Cid» significa «señor». Hay leyendas... que no se mueren nunca.