En el Ripollès, las noches de tormenta, de una poza sale un caballo de fuego. Encima, un conde que arde. Y detrás, una jauría negra. ¿Sabes por qué corre? Por una deuda.
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La leyenda
El conde Arnau era el señor de Mataplana. Rico, poderoso... y tacaño. A los canteros de la escalera de Montgrony les prometió una medida de trigo por cada escalón. Al final, a Pere, el más joven, le tocó... un grano.
Y tenía un secreto. Mientras la condesa Elvira lo esperaba en el castillo, él se escabullía cada noche por un agujero bajo la montaña hasta el monasterio de Sant Joan, donde lo esperaba la abadesa Adelaisa.
Hasta que el cielo se cansó. Cuando el conde murió, no encontró descanso: salió de la poza montado en un caballo de fuego, condenado a galopar para siempre, con la jauría pisándole los talones.
Una noche, Elvira lo vio pasar y le preguntó: «Arnau, ¿por qué ardes?». Y él no habló de la abadesa. «Ardo por los mozos a los que no pagué.»
Por eso, si una noche de tormenta llaman a tu puerta... es él, que todavía paga lo que debe. Grano a grano.
Lo que hay de verdad
¿Y la abadesa? En el año 1017, el papa echó a las monjas de Sant Joan, acusadas de mala vida. Pero lo había pedido el hermano de la abadesa, el conde Bernat Tallaferro, que quería las tierras del monasterio. Al fin y al cabo... siempre es por el dinero.