Dicen que en lo alto de Montserrat hay una Virgen que no se deja mover. Ni por el obispo, ni por nadie. Y que, antes de ser la Moreneta... era blanca.
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La leyenda
Hace más de mil años, un sábado al anochecer, unos pastorcillos que cuidaban las cabras en la montaña vieron bajar del cielo una luz fortísima. Y oyeron una música preciosa, que no venía de ninguna parte.
El sábado siguiente volvieron con sus padres. Y la luz y la música seguían allí. Siguieron el resplandor hasta una cueva escondida entre las rocas. Y al fondo... había una imagen de la Virgen, con el Niño en el regazo.
El obispo de Manresa lo quiso ver con sus propios ojos, y decidió llevársela a la ciudad. Pero, al salir de la cueva, la imagen pesaba cada vez más. Primero, cuatro hombres. Después, ocho. Nada de nada: no se movía ni un palmo.
El obispo lo entendió: la Virgen se quería quedar en la montaña. Y allí mismo levantaron una capilla, que con los años se convirtió en el monasterio de Montserrat.
Lo que hay de verdad
La imagen de hoy es una talla románica del siglo doce. Y un estudio de 2001 confirmó que, al principio, era blanca: se fue oscureciendo, y hace unos doscientos años la pintaron de negro. Así que, si subís, no la llaméis «blanquita». Que ya se ha acostumbrado a ser la Moreneta.